Fisiopatología del dolor

lumbar y lumbociático

El dolor de espalda es una de las dolencias más comunes de la sociedad industrializada y moderna afectando al 20% de las personas. Se calcula que el 80% de la población lo va a sufrir en algún momento de la vida. Las causas que lo provocan son muy variadas siendo las más frecuentes de origen mecánico en el 98% de los casos. Dentro de estas últimas la hernia de disco es la más común.

Se denomina hernia de disco intervertebral a la protrusión de este hacia el interior del canal raquídeo o a cualquier pérdida de domicilio de su contenido.

El disco intervertebral es como una “almohadilla” que se encuentra entre vértebra y vértebra que cumple la función de permitir a la columna cierta flexibilidad para adaptarse y acomodarse a los movimientos del tronco y amortiguar las cargas que sobre ella se producen.

A lo largo de la vida estas “almohadillas”, como consecuencia de la presión y los microtraumatismos que soportan, van sufriendo un proceso degenerativo y de deshidratación, acompañado frecuentemente de lo que se conoce como protusiones discales o hernias de disco.

La hernia de disco es una de las causas más importantes del dolor de columna; dolor que se origina en la columna vertebral y frecuentemente irradiado a los miembros (brazos y piernas). La irradiación del dolor desde la columna a las extremidades es típica de las hernias de disco. Cuando esta irradiación es hacia los miembros superiores las llamamos cervico-braquialgia y si es hacia los inferiores se denominan lumbocruralgia (si la irradiación se propaga hacia cara anterior del muslo) y lumbociatalgia (si la irradiación se propaga hacia la parte posterior y lateral de la pierna). Esta última es la que comúnmente se la llama dolor de nervio ciático o “ciática”. Habitualmente cuando se produce una hernia de disco se comprimen las raíces nerviosas que salen de la columna para inervar a los músculos y recibir información de la piel y otros tejidos, lo que provoca dolor en la zona comprendida del nervio afectado. Este sería básicamente el mecanismo o efecto mecánico que genera el dolor.

Actualmente se sabe que hay también una gran cantidad de efectos químicos; inflamatorios e incluso inmunológicos relacionados con el dolor originado por el conflicto disco-radicular. Estos factores están relacionados con sustancias liberadas a nivel de la zona de conflicto como la Fosfolipasa A (de importante concentración en el núcleo pulposo del disco y gran poder desencadenante de la cascada de inflamación), Histamina, Bradikimina, Serotomina, Prostaglomidina E1 y E2 y Leucotrienos que son causantes de la perpetuidad del dolor y de la cronicidad del síntoma.

También se ha demostrado que estas sustancias sensibilizan y estimulan las raíces nerviosas y son mediadores de dolor.
Por otro lado el dolor regional favorece la contractura refleja de la musculatura paravertebral lo que incrementa la necesidad de aporte energético en la región, el cual se ve reducido por disminución del aporte sanguíneo. Esto provoca un incremento de la demanda energética, de Oxígeno y Glucosa del músculo mediante lo que se llama Glucólisis Aeróbica que genera alto nivel de energía.

Cuando el aporte de Oxígeno es bajo o insuficiente la producción de energía se logra a partir de lo que se llama Ciclo Anaeróbico de la Glucosa que requiere escaso aporte de Oxígeno pero que libera poca energía y mucho Ácido Láctico generador de acidez local, disminución del PH y dolor como consecuencia.

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